Mostrando entradas con la etiqueta corazón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta corazón. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de enero de 2008

R de Revolución


Ya llegó el momento de la revolución,
hay que denunciar la injusticia:
todavía existe gente
sin una nota de amor en el espejo.
Hay que proclamarse en huelga de hambre:
no almorzar hasta que alguien nos dé un beso.
Empapelemos la ciudad con carteles
que inviten a luchar sin más armas que un abrazo,
no cejemos en el empeño
hasta provocar una guerra de arrumacos.
Sal a difundir que no vamos a conformarnos
con un “Buenos días” en la panadería:
exigimos sonrisas en la pescadería
y chistes en la cola del metro.
Seamos subversivos:
que todas las despedidas,
las de hasta mañana y las de hasta luego,
se acaben con un “Te quiero”,
que nos llamen insurrectos:
no nos dobleguemos
sino ante la autoridad
que mana del enamorado.
Manifestémonos sin permisos
en cualquier rincón de la ciudad,
llevemos pancartas que digan:
“Exigimos nuestro derecho a amar”.
Ya llegó el momento de la rebelión:
los corazones han dado un golpe de estado,
no hay antidisturbios que los paren,
ni ejército que los detenga.
Dicen en los periódicos que estamos
ante la revolución del amor.

miércoles, 10 de octubre de 2007

R de Rica

Según la fórmula matemática
que dicta:
"cuanto más se ama, más se tiene",
yo soy cada día más rica.
Porque me despierto y te quiero,
y siento como mi hucha se colma,
porque por la tarde
ese amor ha crecido
y ha tomado el tamaño
de un globo henchido
y entonces mi hucha
ya no cabe
en una sola cuenta bancaria.
Por la noche,
ya soy multimillonaria,
te quiero tanto
que le han puesto
mi nombre a un banco.
Si sigo así hasta mañana,
lo que menos me preocupa
es en qué podría gastarme
todo ese dinero,
lo que menos me preocupa
es la comisión que me va a cobrar
el seguro médico,
porque si sigo así hasta mañana,
hasta el mes que viene,
hasta el próximo año,
tanto te estaré amando
que voy a tener que comprarme
un abrigo que disimule
el desmesurado corazón
que me está creciendo.

martes, 2 de octubre de 2007

F de Frío

En el Corte Inglés no vendían,
fuí a la tienda de mi barrio
y me dijeron que eso ellos
no lo conocían,
en los catálogos publicitarios
nunca estaba de oferta,
desesperada ya,
al borde de una cianosis,
me puse a buscar por las calles,
en los puestos ambulantes,
una estufa para mi corazón.
Los tenderos del mercado
se empeñaron en venderme
jerseys de lana, de alpaca y de vicuña
perjurándome que con ellos
nunca más se congelaría en diástole
el latido de mi corazón.
Pero lo que yo quería
era una estufa, una chimenea,
un radiador siempre conectado.
El invierno del corazón
es el más crudo de los inviernos,
no hay mantas suficientes
en un hotel cinco estrellas,
no hay sopas demasiado calientes,
ni soles que derritan las estalactitas
que surgen a la sombra
del ventrículo izquierdo.
Por eso el día en que a punto estuve
de morirme sola y congelada
intentando hacer una brasa
con mi propia autocompasión,
decidí que más valía
empezar a despedirme
de todos aquellos que sepultada en hielo,
nunca más rozaría.
Así fue como en el abrazo con cada uno de ellos,
subió un grado el termostato de mi corazón,
así fue como descubrí
que la estufa de este órgano
no funciona con gasoil,
que cuando el alma tiene frío
sólo es útil el calor de un cuerpo humano,
que no hace falta que esté desnudo,
aunque sí
que tenga a flor de piel el corazón.