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lunes, 23 de marzo de 2009

No me educaron para amar

No me educaron para amar.
Fui una niña prodigio en la lectura,
se me dio bien escribir y hasta disfruto,
aprendí a ser la primera de la clase,
también en matemáticas.
Clasifiqué mi ropa por colores,
ordené mis libros por tamaño,
y siempre hice la cama
con las sabanas estiradas y la colcha bien doblada.
No me educaron para amar.
Siempre pensé que bastaba con tener razón
y ser inteligente,
que en realidad la gente es mala,
que sólo mi familia me quiere.
Me enfadé muchas veces
y me volví huraña,
nunca me enamoré sin sentir
que igual estaba siendo irresponsable,
y hasta me parece que mi imagen
de lo que representa ser una buena persona,
no es más que la de ser una buena hija,
una buena portadora de la estirpe de mi padre.
Creo, con pesar,
que fui educada para ser una mujer
temida, admirada,
puede que por los más valientes,
hasta para ser amada,
pero, creo, con lágrimas en los ojos,
que no fui educada para besar o abrazar,
acariciar o mostrar cariño.
Desgraciadamente a mí
no me han enseñado a amar
como te enseñaron a ti.
Si es verdad que nunca es tarde,
entonces todavía estoy a tiempo,
busco profesor a tiempo completo,
necesito ponerme al día,
hacer clases de repaso
y hasta intensivas,
tan sólo quiero aprender a querer,
sin condiciones,
sin excepciones,
tan sólo quiero aprender a amar,
así sea de forma autodidacta.

lunes, 1 de diciembre de 2008

H de Hogar

Me gusta ver las ventanas iluminadas de las casas
cuando paseo por la calle y se va haciendo de noche.
Me gusta más todavía
entrever por la fina cortina
un pedazo de estantería a rebosar de tarros de especias,
un niño que cuelga un dibujo del imán de la nevera,
o una mujer con delantal 
batiendo huevos para hacer la cena.
Me gusta imaginarme que detrás de esos cristales 
de ventana de cocina
hay un salón con chimenea y un perro grande y dormido
o un puzzle a medio hacer 
esparcido por la alfombra de color crema.
Me gusta saber que a pesar de estar lejos de mi casa,
hay siempre hogares cerca.
Me gusta, a pesar de que me entristezca que anochezca
y yo no pueda ver el ocaso desde mi ventana,
sabiendo que es mi madre la que está batiendo huevos
para hacer una tortilla,
sabiendo que es mi perro el que dormita 
junto al sillón de mi padre.
Me gusta, 
a pesar de esa melancolía punzante,
a pesar de esa pena nocturna,
porque me recuerda que hay un lugar en el mundo
donde siempre habrá una família que me espera.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Choice


Now you’re able to be
whatever you want.
Now you can choose
between all the choices
that life brings to you:
you can be a loving man,
you can be happier guy,
It’s up to you.
This is the beginning
of your own life:
neither the life you’re parents
decided to you,
nor a life without your
consent or your agreement.
After this you won’t be able
to complain about how
the world treats you,
about the bad-luck days.
you won’t any longer blame
your neighbour
or your girlfriend,
for you bad behaviour,
for you anger or
for your mistakes.
Maybe until now
you thought you were
the consequence of an effect,
you couldn’t control,
but since now
you know that’s not true,
I’m giving you the power,
I’m giving back to you
the competence
of your well-being,
of your feelings
and of your thoughts.

C de Costumbre


Yo no quiero acostumbrarme
a la tristeza, a la apatía,
a la rutina y a la impotencia.
Yo no quiero acostumbrarme
a los gritos, a las lágrimas,
a los fracasos.
Yo no quiero resignarme
a pensar que soy así,
sin darme una oportunidad
para aprender a cocinar,
para aprender a cantar,
para aprender a contagiar
mis ganas de hablar en verso.
Yo no quiero convertirme
en una persona que amarga
una tienda repleta de caramelos,
en una persona
que programa con cautela
sus naufragios,
en alguien que sólo hace el amor
con la luz apagada, los días festivos,
sin niños en la casa.
Yo no quiero olvidarme,
como los desmemoriados,
de que está permitido ser afortunado,
de que no está prohibido reír.
Yo no quiero olvidarme
de que un día escribí este poema
porque creí sinceramente
en que podía aspirar
a helados en pleno invierno,
a besos desinteresados,
a conocer lugares secretos.
Yo tan sólo quiero acostumbrarme
a la felicidad como costumbre,
a tus abrazos como hábito
a tu amor como tradición.