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jueves, 9 de julio de 2009

En algunos lugares

En algunos lugares el cielo está más alto.
Tocar las nubes, es para expertos.
Ni las escaleras alcanzan
a desvirgar el azul nocturno,
ni los rascacielos sirven
para atenuar picores celestes.
En el catálogo de inventos
de esta temporada
se vende el último modelo de alas,
aunque en letra pequeña avisan
(a los hipermétropes al menos)
de que el pack volátil sólo sirve
para aterrizar con gracia.
En esos lugares de cielo crecido,
abundan hombres y mujeres hiperlargos:
cree el cuerpo así,
compensar distancias.

lunes, 22 de junio de 2009

Cielo...


Cielo,
llegado el momento,
- y no me quejaré si llega
antes que tarde,
si llega más lejos que cerca
de mi casa y de mis padres,
de mi perro y de mis libros,
de mis sobrinas y de las carpetas
donde guardo mis poemas -,
cielo,
llegado el momento,
- y prometo no lamentarme,
ni culparte cuando
deba retirarme en silencio,
como si nunca hubiera existido
de este mundo que a veces
se me queda grande -,
podría, llegado ese momento
en que la muerte venga a buscarme,
podría,
no pido nada más...
¿podría morir de amor?

*Inspirado en la ária "Furtiva lagrima" de la ópera "L'elisir d'amore" de Donizetti

miércoles, 25 de marzo de 2009

El pájaro es un estado de necesidad


El pájaro es un estado de necesidad,
no porque lo diga Pérez Estrada,
ni tampoco porque lo reitere yo en este poema.
El pájaro es sin duda
un estado de necesidad primaria,
urgente y perentoria,
porque así me siento todas las mañanas
cuando al palparme la espalda
descubro que todavía no hay allí alas,
ni plumas en mi piel de gallina,
ni pico en mis pálidos labios de anémica.
Si Lamarck tuviera razón en su teoría adaptativa,
Igual después de muchas caídas,
de muchos aterrizajes frustrados,
al ser humano se le caerían las piernas,
y le crecerían alas.
Por eso estoy por intentarlo,
esta vez en serio:
no más experimentos a un metro de tierra,
no más ensayos a menos de veinte pies de altura.
Esta vez me la juego de veras:
voy a saltar desde la nube que amenaza con tormenta,
voy a volar y a convertirme en pájaro.
Lo necesito.
Qué más da si luego, como en esa canción de Mecano,
me convierto en mujer de nuevo,
justo antes de estrellarme contra el suelo.

viernes, 19 de octubre de 2007

S de Soroche


Para el mal de altura,
crece.
Crece hasta que alcances las cumbres,
hasta que no tengas que ascender la montaña,
sino descender hacia ella.
Para el mal de altura,
crece:
basta que tus brazos se estiren
para acariciar las nubes
con los dedos,
basta que se agrande la distancia
entre tu mirada y el suelo.
Para el soroche,
para el vértigo,
tírate del primer balcón que veas
y ensaya,
la caída no es tan mala.
Súbete a los hombros
de algún hombre bueno
y ensaya,
desde ahí se alcanza a ver el mar
en plena cordillera africana.
Lo más probable
es que el mal de altura
no llegue a las suelas de tus zapatos,
si me haces caso y creces.

lunes, 8 de octubre de 2007

C de Cielo


En el cielo y no estoy muerta:
camino a cuatro mil metros de altura
de la mano de un hombre
que escucha y contempla mis palabras,
que las sigue con la mirada
hasta que como pompas de jabón
se rompen con el roce del aire.
En el cielo y no,
no estoy muerta:
soy llevada en volandas
por el aliento de un hombre
que exhala bondad.
Este don de la ubicuidad
ha venido de regalo
junto al amante
con cara de beso,
es un sobreañadido
a las virtudes
del galán
con cara de verso,
es el remate final
de este hombre
con cara de fruta.
Puede que tenga
razón Girondo,
puede que no se pueda
hacer el amor
más que volando,
pero lo que si es seguro
es que no se puede amar
más que en el cielo.

martes, 11 de septiembre de 2007

R de Raíz


Temblad biólogos del planeta,
temblad naturalistas, botánicos,
guardabosques, jardineros.
He descubierto una especie animal
con raíces en el cielo.
Temblad anatomistas,
temblad fisiólogos, médicos,
curanderos, matasanos.
He descubierto
un hombre con el alma tangible
enclavada entre el hígado y el riñón,
una mujer con el corazón en la uña
del dedo meñique del pie.
Ah, el ser humano es todavía
tierra virgen para el explorador,
nadie sabía que tenía raíces invisibles
que lo nutren desde el cielo,
nadie sabía que el hombre tenía
una víscera espiritual,
que la mujer poseía
tan someramente el corazón.
Habrá que rectificar todas las enciclopedias,
todos los tratados de somatología,
habrá que difundir en los telediarios
que el ser humano
tiene raíces en el cielo
que le permiten volar a ras de suelo.