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martes, 10 de septiembre de 2013

Diario mágico de un embarazo aplazado III

Tres días después de la infructuosa incursión en el mundo de Willie Wonka, la mujer del pelo rebelde tuvo una experiencia que le marcaría el resto de su vida. La biznieta que nunca conocería explicaría a sus amigos que había tenido una antepasada llamada Nora capaz de comunicarse con algunas plantas. Para entonces, el bonsai, la única planta superviviente de los desastrosos cuidados de la familia, ya se había quedado sordo, así que los intentos de la niña para demostrar que ella había heredado el don de su bisabuela nunca dieron resultado. Muchos años antes de que Valentina naciera, antes incluso de que se engendrara Gabriel, Nora sólo pensó que se estaba volviendo loca. De hecho, al principio creyó que los susurros de las plantas de su casa eran voces imaginarias, que ella no tardó en atribuir a su bebé fantasma. Los primeros meses sólo podía oír lo que le decía la planta más grande que había en su casa, un potos que prácticamente escondía la pared tras la cascada de ramas. Colgaba del mueble librería desde antes de que ella se mudara y a parte de alguna hoja que amarilleaba, parecía cuidarse sólo. Como las voces sólo eran audibles desde muy cerca, Nora cambió sus sospechas: ahora creía que eran los mismos libros los que trataban de decirle algo, pero como tampoco no pudo identificar ninguna de las frases que oía con los pasajes de los libros (se sabía muchos de memoria), empezó a pensar que eran los autores muertos los que trataban de comunicarle mensajes de ultratumba, quizás incluso manuscritos inacabados que ella tenía el deber y el honor de transcribir para el mundo. Hizo una lista de los escritores muertos, sus preferidos eran José Luís Sampedro y Rafael Pérez Estrada.

En marzo, empezó a hablar el ficus, seguido de la kalanchoe, los geranios de la terraza, el limonero y el olivo. El último que se unió a la verborrea fue el bonsai, que sería con quien Nora cogería más confianza. Teneré llegó un domingo a casa, había sido un capricho de su marido. Nora se oponía a todos los caprichos de Pablo por considerarlos demasiado extravagantes, un bonsai no era lo peor con lo que había tenido que lidiar y a pesar del rechazo inicial, tuvo que admitir que comprarlo había sido una buena idea. Todas las plantas de la casa tenían un nombre, pero Nora solía olvidarlo pocas semanas después del bautismo. Teneré no sufrió ese abandono onomástico porque ella misma fue quien escogió el nombre. Lo encontró después de leer un artículo sobre árboles famosos. Teneré había sido una acacia solitaria en medio del Sáhara, de hecho, era considerado el árbol más aislado de la Tierra: no existía ningún otro en 400 kilómetros a la redonda. Sus raíces alcanzaban los 36 metros de profundidad, donde acariciaban las aguas subterráneas de un pozo. Teneré también fue un punto de referencia para los viajantes de caravanas; era tan importante que fue el único árbol representado en mapas de pequeña escala. En 1973, un conductor libio borracho chocó contra él y lo mató. Los restos se llevaron al Museo Nacional de Níger y en su lugar se colocó una estructura metálica representando un árbol. A Nora la historia le pareció tan triste y tan absurda que decidió darle un nuevo sentido con la vida de su bonsai: el nuevo Teneré estaría libre de la soledad y de conductores incivilizados y sería por siempre mimado por Nora y Gabriel, que lo situaron en la mesa de la cocina para darle los buenos días cada mañana.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Poema largo de una tarde de verano en Cadaqués

Existe una hipótesis según la cual los humanos podríamos tener orígenes marinos. Pensar que tengo algún ancestro sirena me resulta extraño. Yo que tirito sólo con sumergir la punta del dedo en la orilla de la playa, antes me creería que mi tatarabuelo homínido tuviera alas. No en vano, mis escápulas sobresalen tanto que hasta me parece que la única explicación razonable es que como el sacro respecto a la cola, estas curiosas partes de la espalda son los restos amputados de mis predecesores angélicos.

Comparadas estas posibilidades con la teoría de Darwin, admito que suenan inverosímiles, pero yo no las descartaría de plano, sobretodo después de que yo misma haya visto con mis propios ojos (pero con gafas, pues de otro modo no serviría de nada) cosas mucho más fantásticas: hace un par de años me quedé embarazada de unos poemas que resultaron ser huevos fritos y justo la semana pasada conocí a un hombre que aunque aparentaba ser plenamente normal, estaba obsesionado con pirámides y bombas, ambas cosas juntas e inseparables. Fantaseaba con construir pirámides para hacerlas estallar luego y como sabía que era un proyecto poco viable dada la crisis inmobiliaria, se contentaba con guardar los petardos del último San Juan para explotarlos dentro de los poliedros que construía en las clases de papiroflexia. Me gustó tanto su locura, que me casaré un diez de septiembre con él. Mañana, en mi mundo que va al revés, hará dos años.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Diario mágico de un embarazo aplazado II

Hacía años que no tenía el pelo tan rizado, hasta se había olvidado de que hubo en tiempo en que no había cepillos apropiados para sus enredos y entonces lo único que hacía por las mañanas era pasarse los dedos con cuidado de no deshacerse los tirabuzones. Era la misma época en que descubrió que podía leer tres libros a la vez sin confundir a los personajes de historia. Esta última aptitud le duró hasta que topó con los libros de Gabriel García Márquez, no aptos para lecturas simultáneas. Había probado a leer Cien años de soledad en combinación con los apuntes de Anatomía de la facultad, pero en el examen final advirtió que no había sido una buena idea: el realismo mágico del colombiano le había afectado de tal manera que después de dibujar y nombrar correctamente los huesos y los músculos de la espalda, había añadido unas alas. El suspenso le hizo replantearse la carrera.

Había pasado una década, pero a ella esos días le parecían de antes de ayer. Reprimió mentalmente un “qué rápido pasa el tiempo” porque sabía que empezar a pensar eso era síntoma de vejez: los jóvenes no han vivido todavía lo suficiente para poder darse cuenta, y si a caso tienen alguna opinión formada sobre el tiempo no es precisamente sobre lo rápido que transcurre sino al contrario, sobre la pereza con la que se mueven los minutos que les separan de los besos de sus parejas, de las vacaciones y de las noches de fiesta. Cuando era todavía más pequeña que en la época de los rizos rebeldes, no sólo tenía el pelo liso sino que ni tan siquiera sabía lo que era un cuarto de hora. Lo descubrió cuando una tarde de verano en el camping, después de preguntarle a su madre cuánto faltaba para que abrieran el acceso a la piscina y de que ésta le dijera que 15 minutos, ella no pudiera entender si eso era mucho o poco. Su madre no supo qué contestar cuando ella le volvió a preguntar: ¿Cuanto son 15 minutos?, así que trató de averiguarlo comparándolo con otras tareas: ¿Es lo mismo que tardo yendo al colegio?, ¿Es más que  cuando espero a que la bañera se llene?, ¿Dura menos que un abrazo? Así pasó el primer cuarto de hora del que tuvo noción.

Más adelante le pasó lo mismo con el dinero. En sus juegos de supermercado de plástico vendía patatas a diez mil pesetas y manzanas a ocho. Prefería las monedas a los billetes porque le parecía que tenían más valor, al menos ocupaban más espacio en el cajón y se hacían notar con el ruidillo que creaban al chocarse entre ellas. No tardó demasiado en saber que con cien pesetas podía comprarse una bolsa grande de chucherías. Lo más caro que se atrevía a comprar entonces eran paquetes de Conguitos. Creo que nunca aspiró a tener más dinero que el que necesitaba para ver un capítulo de Oliver y Benji sin parar de chupar el chocolate de los cacahuetes.

Ahora con casi treinta años, en su cocina no había casi nada que contuviera azúcar. Por un instante pensó que esa podría haber sido la causa de su aborto: a qué niño le gustaría ir a una casa dónde el armario estuviera lleno de lo que hasta su abuela llamaba “comida de pájaro”. En contra de sus principios, salió a la calle y buscó un quiosco como el que frecuentaba a los cinco años. Compraría moras, ositos, tiras de regaliz rojas, nubes, dentaduras de vampiro, chicles de bola… Qué decepción cuando después de media hora de recorrer su barrio se dio cuenta de que, definitivamente, había pasado mucho tiempo entre su pelo liso y su nuevo pelo rizado: los quioscos, esas pequeñas construcciones de lata que antes te encontrabas en cada esquina, habían desaparecido del mapa.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Escritura terapéutica I

Que tenga que usar la escritura, precisamente, para curarme de esta enfermedad de las palabras, me resulta un poco extraño. Debe ser que es una terapia en la línea de lo homeopático. De otro modo, tan solo parece un chiste de Eugenio, pongamos por caso, que siempre me cayó bien porque lo escuchaba mi abuelo. En fin, aquí estoy para ver si sano esta relación con el alfabeto que, a pesar de todo, sabe decir exactamente aquello que pienso e, incluso, aquello que no sabía que conocía y entonces me maravillo de ser tan sabia que hasta me sale alguna cana. El pelo desordenado a lo Einstein siempre lo tuve - desde que me corté la melena después de hacer la comunión (una tradición familiar inexplicable) -, aunque el peinado no me haya servido de mucho para con las matemáticas. Confieso - y algún damnificado podría testificarlo - que confundo los números de sitio y hasta cuando trabajé de secretaria, invertí las cifras en los talones bancarios.

Volviendo a lo que me preocupa ahora, necesito saber por qué no me pongo a escribir tanto como debiera. Sobretodo porque reconozco que me gusta y hasta me apasiona. El problema creo que está en que, después del punto y final, necesito buscar a alguien que certifique que he aprobado y con nota. Como si el otro al leer pudiera extender un título homologado de validez universitaria. Yo que siempre digo que es uno mismo la medida de todas las cosas - lo reconozco, es un plagio modificado de Protágoras - ahora va a resultar que soy una esclava de la opinión de lectores que ni conozco. O peor, ¡Que conozco y sé que leen la saga de Grey! Llegado el caso, quizás hasta yo me ponga a revisar qué dice E.L.James en su novela, aunque si para recibir sus elogios debo hablar sobre falos, puede que rescinda este contrato con las artes de la lírica. A mí se me da mejor describir estados de ánimo que de genitales. ¿A caso hay más adjetivos para reseñarlos que grande, pequeño, ridículo y tolerable? No me hagan caso, yo es que soy de esas que hace el amor con los ojos cerrados.

Llegados a este punto, cuando ya sobrepaso la media página, me doy cuenta de que el tratamiento surte efecto: por lo menos ya he sacado de encima el polvo de las teclas y hasta me han salido frases que resaltaría en negrita. Dirán que soy muy egoísta y que siempre hablo de mí (o de mi marido cuando necesito una cabeza de turco para mis gracias), pero también es cierto que ustedes están aquí porque son unos chismosos o, peor aún, unos extraviados que buscan respuestas en los textos de otro. ¿A caso eso no es como ir a comprar manzanas a la peluquería sólo porque allí el tinte es barato? Pues eso, que no tiene ningún sentido. Si lo que querían era pasar un buen rato, mis desdichas son tan buenas como las de cualquier famoso, o mejores, porque así, cuando lo sea, podrán decir que conocieron a la autora en ciernes, que se lamentaba de tener tantas ganas de escribir como de no hacerlo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Lo barato sale caro

El otro día en la cafetería
alguien presumía de haberse comprado
una camiseta por menos de tres euros.
Es más, añadía que aún si
la calidad no superaba con éxito
dos lavados a treinta grados,
siempre podría tirar la prenda a la basura
sin mucho remordimiento.
Lo mejor vino luego,
cuando a modo de confesión,
admitió que su armario estaba lleno
de ropa que no usaba.
Por supuesto la camiseta en cuestión
no respondía a la satisfacción
de una necesidad, ya no digo básica,
sino que era, en sus propias palabras:
“el resultado de un capricho inofensivo y barato”.

¿Inofensivo para quién?
Me mordí la lengua para no interceder.
¿Acaso no sabe usted que esa ganga
sólo existe porque está auspiciada
por trabajadores a los que se les niega
un salario decente?
¿Barato para quién?
Sin duda no para el entorno,
que es el único que asume
los costes medioambientales externalizados.

No se engañe, señora,
su camiseta cuesta derechos laborales infringidos,
fábricas que contaminan el paisaje,
materiales de mala calidad
que acaban en contenedores
de objetos no reciclables.

No se engañe, señora,
su política textil de usar y tirar
es descaradamente perniciosa,
es desmesuradamente cara,
aunque no sea usted
quien sufra y pague sus secuelas.

Le sugiero que antes de comprar esos “saldos”
reflexione sobre los efectos del dinero
que está usted a punto de invertir,
pero sobretodo le advierto
de que la próxima vez que se niegue
a ayudar económicamente al necesitado
bajo la excusa de escasez de dinero,
no seré yo quien se quede callado:
quien compra más de lo que necesita,
quien adquiere objetos al límite de la legitimidad
tiene un deber ineludible para con el pobre,
al que le ha robado lo que le falta
para vivir con dignidad.

Corolario ético:
Mientras no se responsabilice del dinero 
que usted mueve,
será cómplice de los males que,
de forma más o menos hipócrita,
también aborrece.
 

miércoles, 8 de febrero de 2012

La hija pródiga

He dado a luz a un marido:
dos años embarazada, seis meses de parto.
Pero ya estoy de vuelta, y además ahora soy vegetariana.

No sé si habrá nuevos versos,
aunque sin duda prometo muchas palabras.
En cualquier caso, no se asusten
mi afición por el chocolate sigue intacta.
Así como también sigue immaculada
mi verborrea de mujer incomprendida
- y además ahora casada!

He vuelto.
Y aunque las frases me cuesten
una alfombra un poco menos aspirada,
o incluso un mueble librería
un poco más caótico
- no ordenadas por colores las tapas -,
prometo que mi deber con la lírica,
va a ser cumplido a rajatabla.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sueño con pasteles

Me imagino que no hay de qué preocuparse,
pero de todos modos,
hay algo que no me deja dormir...

Y es que desde hace dos días
sólo sueño con churros y pasteles.
Creo que hasta babeo
al saborear el chocolate onírico;
si sigo así no dudo
de que hasta me salga un michelín.

Si al despertar le comento
a ese hombre que desde hace un mes y medio
duerme conmigo,
- y que desde hace dos días
me tira de la cama -,
si al despertar le explico,
digo,
que mis sueños están llenos
de nata, de azúcar y de mermelada,
se limita a burlarse
diciendo:
¿Tú no tienes muchos problemas, cierto?

Debo confesar que es verdad.
Lo que ahora me preocupa es pensar
si es que en realidad soy feliz,
y no me he dado cuenta
o, peor aún,
si es que en realidad soy feliz,
menos cuando me doy cuenta
y pongo manos a la obra
para desgraciarme.

jueves, 27 de agosto de 2009

Inteligencia fracasada

Mi inteligencia fracasada me ha hecho pensar que no soy digna del amor de un hombre si no le lavo la ropa, los platos y hasta los dientes. Mi inteligencia mal usada me ha hecho creer que no soy digna de admiración si no soy buena en la cocina y en la cama. Yo, que no soy una mujer florero espectacular, teniendo en cuenta mi humilde físico, y que cada día dudo más de mi supuesta inteligencia (atribuida, creo, por mi cara de ratón de biblioteca) pensé, qué ilusa, que sólo conseguiría ser querida si me prestaba a cualquier antojo ajeno. Qué triste confesar que desconfío de los hombres que dicen enamorarse de mí; siempre creo que me engañan, que no se han dado cuenta todavía de quién soy en realidad. Qué triste tenerme en tan bajo concepto, yo que, al menos, sé escribir algún que otro poema, regar plantas, optimizar espacios, reírme sin razón, leer y olvidarme de la cena, limpiar de virus mi ordenador, ganar apuestas tontas, distinguir cuando alguien ha llorado a escondidas y querer a quien a veces se olvida de felicitarme por mi cumpleaños.

Hecho este inventario de virtudes, me parece que ya estoy preparada para decirte que hoy, y quizás también mañana,
no voy a saltar a recoger balones al otro lado de la valla,
no voy a ofrecerme a hacer lo que tú ya puedes hacer por ti mismo,
a pedirte perdón por cosas que no controlo
y a dudar de que alguien como tú
pueda querer compartir su tiempo
con alguien como yo.

jueves, 9 de julio de 2009

Vivir

Vivir,
requiere su tiempo.
No es tan fácil hacerse un hueco
entre las utopías y las desgracias.
Tantas capas de cebolla
casi me dan aspecto de patata.
Yo, que quizás nací gigante
y me están haciendo creer
que soy enana,
yo, que quizás nací ángel
y me están haciendo creer
que soy humana.

Si de todas formas,
tuvieran razón
y yo sólo fuera una bruja
disfrazada de hada,
que más da,
al fin y al cabo,
también hay príncipes
que nacieron ranas.

sábado, 23 de mayo de 2009

El lunes a las seis de la mañana

El lunes a las seis de la mañana
empiezo a trabajar.
Cuando me llamaron
para avisarme de que
estaba entre las últimas candidatas
aptas para el puesto de trabajo
casi salto de alegría.
Pues no, no es que vaya a cobrar
un sueldo de escándalo,
ni que el trabajo sea con famosos,
tomando el sol mientras me bebo un Cacaolat en la terraza.
Lo que pensé es que a partir de ahora
ya no iba a poder dudar
de mi capacidad para ser una mujer
que se mantiene.
Ahora que se ha demostrado
que puedo valerme por mí misma
y de que lo único que necesitaba
era creer un poco más en mí,
¡Prepárate Mundo,
Que YA estoy AQUÍ!
Pero, a parte de toda esta alegría
que apenas sabe si salir
vía sonora con risas o
vía líquida con lágrimas,
hay algunas cosas que todavía
no he solucionado.
Mi salario, por ejemplo.
1000 euros
me dan para mucho.
Yo que ya tengo ordenador portátil,
ropa, libros y montones de zapatos.
Yo que ya tengo un armario lleno de bolsos,
collares, pashminas y cinturones.
Yo que lo único que necesito son más caricias,
a mí, que lo único que me hace falta son más abrazos,
¿en qué voy a gastarme todo ese dinero
si lo único que quiero
es lo único que no puedo comprar?

jueves, 30 de abril de 2009

La niña mariposa


La niña mariposa
tiene alas de color rosa,
se posa en las azucenas,
en los lirios y en las begonias.
La niña mariposa
juega a que es un pájaro:
le gusta volar por encima
de los cipreses.
Las veces que se ha caído
aterrizó sobre la hierba
y aunque un caracol
confundió sus alas
con las hoja de un repollo,
apenas se nota el mordisco
cuando sus alas baten
con la fuerza de una cocinera
experta en hacer merengue.
La niña mariposa
fue mujer gusano en su anterior vida,
su madre le ha dicho
que si no se acaba la cena
puede que cuando muera
renazca en niño murciélago,
y tiene tanto miedo
de que eso pase,
que se acaba siempre
todo el néctar del plato.

Ocuparme de mi misma

Ocuparme de mí misma
es mi mejor acción humanitaria.
darme lo que necesito
es tan caritativo
como enviar ropa
a los niños desnudos de África;
proporcionarme los cuidados
que preciso
es igual de bondadoso
que estar en Cruz Roja de voluntaria.
Por eso este mes me apadriné
por menos de un euro diario,
y hace poco monté una ONG
en la que yo soy la única socia
y la única beneficiaria.

domingo, 5 de abril de 2009

Soy poeta

Soy poeta.
Lo mío es alimentarme
de mis palabras que riman.
Me quedo satisfecha
cuando engullo frases enteras,
y de vez en cuando
me permito lujos de postres caros:
expresiones inventadas,
puntuaciones desplazadas.
Vivo el mundo para escribirlo.
Y aunque sólo busco
no encontrar nada,
me asaltan obstáculos
que llevan el sello oficial
de la oportunidad.
Lloro mucho,
río mucho,
grito más
y siento en exceso.
Soy mujer,
por lo que es inevitable ser poeta.
Vivo al límite de mis emociones,
soy consciente de ser contradictoria.
Me halagan tus orgasmos,
me inspiro en tus gemidos.
El mundo es mi lienzo y mi paleta,
mi vida sólo es el pincel de marta
que me recuerda
que soy mujer,
que soy poeta.

miércoles, 25 de marzo de 2009

El pájaro es un estado de necesidad


El pájaro es un estado de necesidad,
no porque lo diga Pérez Estrada,
ni tampoco porque lo reitere yo en este poema.
El pájaro es sin duda
un estado de necesidad primaria,
urgente y perentoria,
porque así me siento todas las mañanas
cuando al palparme la espalda
descubro que todavía no hay allí alas,
ni plumas en mi piel de gallina,
ni pico en mis pálidos labios de anémica.
Si Lamarck tuviera razón en su teoría adaptativa,
Igual después de muchas caídas,
de muchos aterrizajes frustrados,
al ser humano se le caerían las piernas,
y le crecerían alas.
Por eso estoy por intentarlo,
esta vez en serio:
no más experimentos a un metro de tierra,
no más ensayos a menos de veinte pies de altura.
Esta vez me la juego de veras:
voy a saltar desde la nube que amenaza con tormenta,
voy a volar y a convertirme en pájaro.
Lo necesito.
Qué más da si luego, como en esa canción de Mecano,
me convierto en mujer de nuevo,
justo antes de estrellarme contra el suelo.

viernes, 13 de marzo de 2009

La necesidad vital

El amante despechado no llora por los besos
que ya nunca más le van a dar.
La mujer abandonada no se pudre de dolor
por los abrazos que ya no le esperan
después del trabajo,
por las palabras que ya no la consuelan
en sus días más funestos,
por las miradas que ya no la ven
como una diosa hermosa,
como un ángel con sexo,
o como musa
y obra de arte al mismo tiempo.
El amante desamparado
no se estremece de pena
porque ya nadie le acaricie el pelo,
ni le arrulle en sus noches sin orgasmo,
ni le ponga nombres infantiles, absurdos
y hasta irrisorios.
No,
ni el hombre ni la mujer
a los que descartaron,
de los que prescindieron,
sufren y adolecen por el amor que ya no les ofrecen…
No,
el hombre y la mujer,
a los que rechazaron,
de los que se apartaron,
sufren y adolecen por el amor
que embozado y atascado,
guardado a presión en su corazón,
a punto de estallar por la tensión,
echa de menos a alguien
a quien colmar de besos,
estrujar con abrazos,
erizar la piel con caricias,
y emocionar con poemas.
El deseo de que te amen
no es nada comparado
con la vital necesidad
de amar.

jueves, 20 de noviembre de 2008

S de Solución

Cuando compliques tu existencia con preocupaciones,
y te parezca que la vida es dura, injusta y la gente ingrata;
cuando siempre te enamores de quien no te ama,
y tu pareja sea la persona equivocada;
cuando siempre esté más verde el césped del vecino,
Y sólo llueva cuando no llevas paraguas;
cuando, en definitiva, más que un ser humano,
seas un problema antropomorfo,
date prisa, y soluciónate,
pon en marcha tus nociones algebraicas.
Cuando sólo veas maldad en los ojos del extranjero,
y la gente siempre quiera ofenderte o ponerte trabas;
cuando te parezca que todo es difícil,
o que siempre tienes tan mala suerte,
que lo único que te toca es la desgracia,
es urgente, que armado de calculadora,
soluciones el problema en el que,
a base de magia negra,
tú mismo te has transformado.
Cuando te parezca que la vida es una partida de ajedrez
contra un Kasparov ruso o un ordenador superdotado;
cuando hasta durmiendo tengas que luchar contra fantasmas,
mírate al espejo, reconoce que lo que se refleja
más que un rostro de mujer - de hombre, si es tu caso –
es una ecuación de segundo grado,
es un logaritmo en base imaginaria,
un enunciado en el que dos trenes, a distintas velocidades,
se cruzan en un punto X del mapa.
Date cuenta,
no pierdas el tiempo resolviendo problemas
que tú mismo has creado,
soluciónate 
y obtendrás siempre mejores resultados.

martes, 29 de enero de 2008

D de Dieta

Engórdate:
consume vida.
Come por dos si te apetece,
toma a todas horas
tazones de alegría,
desecha todos
los productos sin calorías,
ya sabemos que llorar enflaquece,
ya sabemos que la tristeza adelgaza.
Sáciate:
que se te inflen las mejillas,
que te crezca la barriga,
que la báscula te diga
que estás en sobrepeso,
que por la calle te griten
que estás obeso.
Alarga la sobremesa
hasta hacer el amor sobre la mesa,
no ayunes mas que lo amargo,
ni dejes siempre el postre,
para el final.
Invita a todo el barrio
Al banquete diario,
Proponte nutrir a los hambrientos:
dales de merienda una ración de ilusión,
que no falte nunca en el plato
una ensalada de besos,
que en el menú siempre haya
confianza de guarnición.
Engórdate:
aunque a partir de ahora
tengan que hacerte los trajes a medida,
aunque tu cuerpo ya no quepa en el espejo,
sigue adelante, devora la vida:
no hay dieta más sana,
ni carta más exquisita.

viernes, 18 de enero de 2008

P de Piel

Mudando de piel,
y ya no sé si son escamas de sirena
o plumas de gaviota
lo que pierdo por el camino,
lo que me encuentro en las cuevas
de los acantilados de arena.
Mudando de piel
y ya no estoy segura de si me pertenecen
estos ojos de princesa india,
estas manos de poeta en huelga,
estas caderas de mujer insomne
porque prefiere amarte a la luz de una vela.
Si te encuentras algún pedazo
de la piel de mi espalda,
de la piel de mis labios de mentirosa,
si te encuentras con la fina tela
que cubría de negro mi valor,
que cubría de gris mi entereza,
no la lleves a la caja de los objetos perdidos,
no me llames para avisarme
de que ando desnuda de problemas,
estoy mudando de piel
y es muy posible que al acabar el otoño
o al empezar la primavera
ya no me reconozcas,
hasta puede que ni los espejos
me devuelvan el reflejo,
que ni mi nombre se acuerde
de que yo soy a la que llaman
cuando gritan Sandra.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

V de Viva


Como si no hubiera estado viva
hasta ahora.
Como si no hubiera volado nunca
de la mano de un hombre,
como si no hubiera probado antes
los besos a escondidas o
el gusto de las palabras dulces,
o el sabor de unos labios comestibles.
Como si no hubiera abierto los ojos
hasta ahora.
Como si no hubiera contemplado
los colores antes,
ni el paisaje a través de la ventana
apoyada en tu regazo,
ni la lluvia cayendo de noche
cobijada entre tus brazos.
Como si no hubiera notado antes
el viento sonrojando mi cara
o la luz del sol iluminando mi cabello,
como si hubiera nacido de ti,
hace tan sólo unos días,
como si hubiera empezado
a vivir entonces,
desde tus besos,
como si nunca antes mis días
hubieran sido merecedores
de llamarse vida.

miércoles, 24 de octubre de 2007

P de Precio


Hay vidas en oferta,
hay vidas dos por uno,
hay vidas que se regalan, que se roban,
hay vidas que no valen nada.
Existen las vidas caducadas,
las vidas más baratas,
las que nadie compra,
por las que nadie apuesta nada.
El precio de tu vida lo han fijado
por tu extracto bancario,
por tu apellido,
lo han tasado a partir de
tu lugar de nacimiento,
lo han decidido por
tu capacidad de gasto.
Por eso hay vidas en oferta,
vidas devaluadas,
vidas a las que nadie le importan nada.
El precio de tu vida
no se redondea al alza,
aunque seas capaz de llevar adelante
tres niños, un huerto y una casa,
el precio de tu vida
no cotiza en bolsa
aunque seas capaz de caminar
treinta quilómetros para buscar agua.
Hay vidas que valen más muertas,
hay vidas a las que nadie se molesta
en tener en cuenta,
vidas de hombres sin esperanzas,
vidas de mujeres mutiladas,
vidas de niños a los que nunca
les crecerá la barba.
La economía más sucia de este mundo
reside en este mercado humano,
donde existen vidas de marca,
vidas de lujo,
donde se encuentran
vidas de rebajas, vidas a granel,
vidas gratuitas
porque no valen nada.


Inspirado en el poema "Los nadies" de Eduardo Galeano