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miércoles, 7 de octubre de 2009

Manifiesto del perro nube

Viendo a mi perro nube,
que a veces está negro
como un cumulonimbos de tormenta
y otras - muy pocas, cierto -
blanco como los cirroestratos de domingo,
me doy cuenta de que para ser feliz
sólo hace falta estar vivo.

Entiendo que no por esto
las piedras son desgraciadas,
ni el cadáver de mosquito,
asesinado a manos de las mías,
necesite ir al psiquiatra
y tomarse antidepresivos.
Antes, al contrario,
una vez muerto,
se sigue siendo feliz,
la diferencia radica,
en que no nos damos cuenta.

Bien, si sigo observando a mi perro nube,
mientras recibe señales secretas
del espacio exterior
- al menos eso creemos mi novio y yo,
porque esa es la actitud que transmite
cuando se pone de cara al sol -
entiendo que para ser feliz,
- y una vez hechas las anteriores aclaraciones -
no hay que hacer nada más que:

1- No morirse
2- No amargarse la vida

Por cierto,
que mi perro nube
- que es también del hombre tierra -
es un extraterrestre corporeizado en can
con la misión de hacerse pis
en todas calles - urbanizadas o no -
de este planeta.

PS. Le debo un poema a mi perro sal y pimienta.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sueño con pasteles

Me imagino que no hay de qué preocuparse,
pero de todos modos,
hay algo que no me deja dormir...

Y es que desde hace dos días
sólo sueño con churros y pasteles.
Creo que hasta babeo
al saborear el chocolate onírico;
si sigo así no dudo
de que hasta me salga un michelín.

Si al despertar le comento
a ese hombre que desde hace un mes y medio
duerme conmigo,
- y que desde hace dos días
me tira de la cama -,
si al despertar le explico,
digo,
que mis sueños están llenos
de nata, de azúcar y de mermelada,
se limita a burlarse
diciendo:
¿Tú no tienes muchos problemas, cierto?

Debo confesar que es verdad.
Lo que ahora me preocupa es pensar
si es que en realidad soy feliz,
y no me he dado cuenta
o, peor aún,
si es que en realidad soy feliz,
menos cuando me doy cuenta
y pongo manos a la obra
para desgraciarme.

domingo, 12 de julio de 2009

La única

No me basta.
Debo ser la única persona en el mundo
que no se conforma con ser feliz.

viernes, 3 de abril de 2009

Hagámoslo

Hagámoslo.
Aunque la gente nos critique,
por la cara y por la espalda.
Aunque nos veten la entrada
en algunas discotecas,
y nos retiren el DNI
el pasaporte, la tarjeta VIP
y el carné de socio en el gimnasio.
Hagámoslo.
así nuestros padres
nos deshereden
y mi perro renuncie
a dormir conmigo en mi cuarto.
Así nos cueste más
que nos concedan entrevistas de trabajo,
que nos presten libros en la biblioteca
y que nos vendan detergente
para prendas delicadas
en el supermercado.
Seamos felices,
amemos, vivamos,
riámonos sin razón.
Inventémonos chistes malos,
consideremos los árboles
una oración,
recémosles a los pájaros.
Hagámoslo,
convirtámonos en seres humanos.

miércoles, 1 de abril de 2009

¿Sabes qué pasa cuando uno cree en sí mismo?

¿Sabes qué pasa cuando uno cree en sí mismo?
Cuando uno ya no necesita
que los otros le admiren o
piensen que formidable,
o le halaguen porque le sienta bien su nuevo vestido.
Cuando uno ya es capaz de tomar sus propias decisiones
sin esperar la aprobación del resto,
cuando uno ya no necesita
que le den palmaditas en la espalda,
aunque las agradece,
o cuando ya no depende de que la gente le recuerde
sus virtudes y le consuele en sus defectos.
¿Sabes qué pasa cuando uno cree en sí mismo?
Yo te lo voy a decir,
porque hace poco que alguien
al preguntarme sobre mi condición religiosa,
se sorprendió cuando le respondí:
Yo creo en mí.
No es eso lo que yo quería saber, me dijo,
lo que me interesa es conocer si eres creyente o agnóstica.
Precisamente, le contesté.
Cuando uno cree en sí mismo, es en Dios en quien cree,
porque como él se convierte en omnipotente,
como él ya no hay barreras que le frenen,
ni obstáculo que le desvíe,
ni ateo que consiga matarle.
Cuando uno cree en sí mismo,
ya no hace falta que nadie le rece,
porque el valor de nuestra existencia,
de nuestras ideas, de nuestras opciones,
está intrínsecamente ligado,
al que uno mismo le dé.
Porque la fuerza de nuestros proyectos,
de nuestras ilusiones
no proviene de fuera,
de un carro que nos tira,
o de un amigo que nos empuja,
sino de un motor interno que se acciona
cuando uno mismo,
me repito porque hace falta,
cree en él.

jueves, 29 de enero de 2009

Diario de alguien que podría ser yo IV

Hoy todo el mundo da por supuesto que la gente quiere ser feliz. Un análisis más exhaustivo de la sociedad, no obstante, daría con resultados sorprendentes. Aún así, no quiero ser yo la que deshaga el mito que permite que existan best-sellers con los que algunos autores se hacen ricos.

De todas formas, es mi deber desenmascarar – aunque esta resolución sólo tenga que ver conmigo y ni el resultado sea extrapolable a otros grupos poblacionales - que yo no quiero ser feliz y que, además, pongo trabas, zancadillas y hasta trampas, para evitar a toda costa ser una mujer satisfecha y plena. Esta afirmación no es gratuita, sino que es el resultado de una larga deliberación que concluye con esta extraña confesión, muy típica de paciente de psicoanalista, lo sé.

No es que yo sea feliz siendo infeliz, sino que soy como la mascota del hortelano que ni come ni deja comer, o como ese amante despechado que ni vive ni deja vivir. Hay en mí algo que se rebela y que lucha contra la desgracia, que pretende alcanzar ese estado de beatitud en el que viven los que siempre tienen una sonrisa en los labios; a veces, estoy tan cerca de conseguirlo que la mera proximidad ya me place, pero luego, en el momento decisivo, doy con todo al traste: o soy masoquista, o tengo una autoestima tan baja que no me considero digna de que la dicha entre en mi casa, o, más probablemente, soy consciente de que la felicidad te arrebata todas las excusas que te permiten seguir siendo irresponsable, y entonces ya no hay escapatoria a la incómoda verdad de que uno es quien decide ser y de que no hay más malos en la película que los que uno mismo contrata.

lunes, 2 de junio de 2008

R de Razones

Uno puede tardar mucho en encontrar una razón para ser feliz,
tanto, que se la pase la vida.
Después de malgastados muchos años de la mía comprendí
que lo más sensato es ser feliz sin razón alguna.
Siempre habrá algún pasillo que barrer,
cristales que limpiar o ropa que tender.
Seguirán existiendo países a los que no has viajado,
gente famosa a la que no has conocido,
montañas que no has escalado.
Nadie te promete que no llueva el día que no llevas paraguas,
que no se caduquen los frutos secos que guardaste
para ese antojo repentino,
nadie te asegura que no vayas a dejarte la cartera
en algún bar de carretera
o que te llamen de aquella empresa
para la que parecías tan buen candidato.
Nunca encontrarás el número de teléfono
del primer amigo que tuviste
en aquel barrio de extrarradio,
nunca conseguirás distinguir
una rana de un sapo.
Seguramente el banco suba los intereses
y se moje por descuido tu diario.
Estadísticamente seguirán existiendo muchas razones
por las que beberse una garrafa de lejía,
de amoniaco para los más osados.
Puede que tú seas uno de esos tipos con tanta suerte
que tiene razones para reír,
puede que consideres que todo el mundo
es capaz de llenar una hoja de libreta de bolsillo
con razones para existir, puede que sí.
De todas formas, mi experiencia me ha enseñado
que pasado el tiempo se borra la tinta de cualquier cuaderno
y que el más afortunado es sin duda
aquél que no necesita ninguna razón para vivir.

sábado, 12 de enero de 2008

C de Creer

Creamos lo que creemos,
por eso el otro día
correteaba un gnomo
por encima de mi escritorio,
por eso el otro día
viaje a Katmandú sobre un unicornio,
por eso casi siempre,
encuentro aparcamiento
cuando me lo propongo.
Somos lo que pensamos,
piensa bien,
de ello dependes,
de ello pende
tu salud y tu suerte.
Añade en tu cocina
un cubo más
de basura selectiva:
desecha las ideas
que te hagan ser la víctima
de tus pensamientos,
que te conviertan en un desdichado,
que te hagan creer que ser pesimista
es sinónimo de ser realista.
Creamos lo que creemos,
escoge bien tus credos,
medita bien tus convicciones,
desde ahí se diseña ya el método,
desde ahí se proyecta ya el resultado.
No está en tus manos
amar sin condiciones,
vivir con plenitud,
ser feliz o estar alegre.
No está en tus manos,
está en tu mente.

domingo, 30 de diciembre de 2007

G de Gritos


Si yo hubiera sabido
que mis gritos eran
el himno premonitorio
de las risas que hoy
me desencajan la mandíbula,
no habría perdido el tiempo
anestesiándome la amígdala,
aparcando en fila
cada resentimiento.
Si yo hubiera sabido
que después de la angustia
habría una fiesta,
me regalarían una estrella,
abriría el cofre de los tesoros
de la isla desierta,
no habría perdido el tiempo
engañando al dolor diciéndole:
márchese, no estoy en casa.
Si yo hubiera sabido
que no hace falta adolecer en serio,
que podía tomarme la depresión
como una tara humana
y no dramatizar la situación
cuando me quedo tirada
en medio de la nada,
no hubiera malgastado mi energía
pensando que los malos momentos
son un defecto innato de la vida.
Ahora ya sabes que todo fin
tiene un final y que
ni la peor de las torturas
dura eternamente.
Ahora también sabes que,
como en los dolores de parto,
toda tristeza, todo vacío, toda desolación,
es una contracción más
en el inminente alumbramiento
de algún regalo tan especial
que no pueda convivir
con tus lacras,
de alguna sorpresa tan virtuosa
que limpie tu interior
de las manchas invisibles
de todas tus flaquezas.