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viernes, 26 de junio de 2009

Le arrancarías

¿Le arrancarías las alas a un pájaro?
Entonces,
¿Por qué lo metes en una jaula?

jueves, 30 de abril de 2009

La niña mariposa


La niña mariposa
tiene alas de color rosa,
se posa en las azucenas,
en los lirios y en las begonias.
La niña mariposa
juega a que es un pájaro:
le gusta volar por encima
de los cipreses.
Las veces que se ha caído
aterrizó sobre la hierba
y aunque un caracol
confundió sus alas
con las hoja de un repollo,
apenas se nota el mordisco
cuando sus alas baten
con la fuerza de una cocinera
experta en hacer merengue.
La niña mariposa
fue mujer gusano en su anterior vida,
su madre le ha dicho
que si no se acaba la cena
puede que cuando muera
renazca en niño murciélago,
y tiene tanto miedo
de que eso pase,
que se acaba siempre
todo el néctar del plato.

viernes, 3 de abril de 2009

Hagámoslo

Hagámoslo.
Aunque la gente nos critique,
por la cara y por la espalda.
Aunque nos veten la entrada
en algunas discotecas,
y nos retiren el DNI
el pasaporte, la tarjeta VIP
y el carné de socio en el gimnasio.
Hagámoslo.
así nuestros padres
nos deshereden
y mi perro renuncie
a dormir conmigo en mi cuarto.
Así nos cueste más
que nos concedan entrevistas de trabajo,
que nos presten libros en la biblioteca
y que nos vendan detergente
para prendas delicadas
en el supermercado.
Seamos felices,
amemos, vivamos,
riámonos sin razón.
Inventémonos chistes malos,
consideremos los árboles
una oración,
recémosles a los pájaros.
Hagámoslo,
convirtámonos en seres humanos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

El pájaro es un estado de necesidad


El pájaro es un estado de necesidad,
no porque lo diga Pérez Estrada,
ni tampoco porque lo reitere yo en este poema.
El pájaro es sin duda
un estado de necesidad primaria,
urgente y perentoria,
porque así me siento todas las mañanas
cuando al palparme la espalda
descubro que todavía no hay allí alas,
ni plumas en mi piel de gallina,
ni pico en mis pálidos labios de anémica.
Si Lamarck tuviera razón en su teoría adaptativa,
Igual después de muchas caídas,
de muchos aterrizajes frustrados,
al ser humano se le caerían las piernas,
y le crecerían alas.
Por eso estoy por intentarlo,
esta vez en serio:
no más experimentos a un metro de tierra,
no más ensayos a menos de veinte pies de altura.
Esta vez me la juego de veras:
voy a saltar desde la nube que amenaza con tormenta,
voy a volar y a convertirme en pájaro.
Lo necesito.
Qué más da si luego, como en esa canción de Mecano,
me convierto en mujer de nuevo,
justo antes de estrellarme contra el suelo.